1. Estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo.
2. Angustia que suele acompañar a muchas enfermedades, en particular a ciertas neurosis, y que no permite sosiego a los enfermos.

La ansiedad es un estado que nos mantiene alerta porque consideramos que estamos ante una AMENAZA. Normalmente, obedece a traumas muy profundos e inconscientes que producen que el mecanismo se desarrolle en milésimas de segundo, pasando de la normalidad a experimentar síntomas como: agitación, sudor, taquicardia, nerviosismo, palidez facial, terror, temblores,...
Con el ritmo de vida actual, la ansiedad ocupa uno de los primeros lugares en los trastornos psicológicos más frecuentes por múltiples razones:
El ritmo de vida actual, en muchas ocasiones, nos sume en un estado de nerviosismo constante al que nos acabamos acostumbrando y, por tanto, no consideramos patológico. Consecuencias de este estado ansioso son: el bruxismo, el insomnio, la depresión (existe una combinación que suele ser la depresión ansiosa), el miedo (que nos condiciona y paraliza, con sus modalidades de terror y pánico), etc.
Según el DSM-IV de las enfermedades mentales, los criterios para diagnosticar la ansiedad generalizada son los siguientes:
- Autoexigencia.
- Presión del entorno.
- Presión por objetivos.
- Miedos.
- Inseguridades.
- Exceso de estrés.
Además de estos, hay otros muchos motivos para padecer de ansiedad, aunque me gustaría aclarar que, en mi opinión, se trata de una inquietud interna, independientemente de que exista un elemento real externo que nos produzca esa respuesta, y más aún, diría que ya no existe ese elemento amenazante, sino que nuestro subconsciente nos defiende del trauma que supuso, en su momento, con un tupido velo de olvido.
El ritmo de vida actual, en muchas ocasiones, nos sume en un estado de nerviosismo constante al que nos acabamos acostumbrando y, por tanto, no consideramos patológico. Consecuencias de este estado ansioso son: el bruxismo, el insomnio, la depresión (existe una combinación que suele ser la depresión ansiosa), el miedo (que nos condiciona y paraliza, con sus modalidades de terror y pánico), etc.
Según el DSM-IV de las enfermedades mentales, los criterios para diagnosticar la ansiedad generalizada son los siguientes:
- Ansiedad y preocupación excesivas (expectación aprensiva) sobre una amplia gama de acontecimientos o actividades (como el rendimiento laboral o escolar), que se prolongan más de 6 meses.
- Al individuo le resulta difícil controlar este estado de constante preocupación.
- La ansiedad y preocupación se asocian a tres (o más) de los seis síntomas siguientes (algunos de los cuales han persistido más de 6 meses). En l@s niñ@s, sólo se requiere uno de estos síntomas:
- Inquietud o impaciencia.
- Fatigabilidad fácil.
- Dificultad para concentrarse o tener la mente en blanco.
- Irritabilidad.
- Tensión muscular.
- Alteraciones del sueño (dificultad para conciliar o mantener el sueño, o sensación al despertarse de sueño no reparador).
- El centro de la ansiedad y de la preocupación no se limita a los síntomas de un trastorno; por ejemplo, la ansiedad o preocupación no hacen referencia a la posibilidad de presentar una crisis de angustia (como en el trastorno de angustia), pasarlo mal en público (como en la fobia social), contraer una enfermedad (como en el trastorno obsesivo-compulsivo), estar lejos de casa o de los seres queridos (como en el trastorno de ansiedad por separación), engordar (como en la anorexia nerviosa), tener quejas de múltiples síntomas físicos (como en el trastorno de somatización) o padecer una enfermedad grave (como en la hipocondría), y la ansiedad y la preocupación no aparecen exclusivamente en el transcurso de estrés postraumático.
- La ansiedad, la preocupación o los síntomas físicos provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
- Estas alteraciones no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (por ejemplo, drogas, fármacos) o a una enfermedad médica (por ejemplo, hipertiroidismo) y no aparecen exclusivamente en el transcurso de un trastorno del estado de ánimo, un trastorno psicótico o un trastorno generalizado del desarrollo.
Por tanto, la ansiedad es un estado que puede aparecer en cualquier momento en la vida de la persona y cambiarla de forma radical, en muchas ocasiones ignorando lo que la originó. Hay muchos motivos que pueden generarla, siendo algunos de ellos:
- La pérdida del control sobre situaciones o personas.
- Revivir experiencias traumáticas.
- Lo excesos y el arrepentimiento posterior.
- La pérdida de un ser querido.
- No tener apego a la vida. Sentir que no se está en el lugar adecuado.
Aunque podamos convivir con un estado de nerviosismo interior que nos lleve, para calmarlo, a comer más, a fumar, a consumir alimentos o hábitos que no nos beneficien en lugar de escuchar a esa emoción para saber qué nos quiere decir, existen momentos que, por su intensidad, se vuelven especialmente intensos, que son las crisis de ansiedad, en las que todas las emociones que integra este trastorno, se aúnan poniendo a prueba la resistencia física y emocional de la persona, de tal forma que experimenta, simultáneamente: terror, pánico, sudoración profusa, palpitaciones, sensación de inestabilidad del suelo que pisa, etc.
FLORES DE BACH QUE PUEDEN AYUDAR EN UN PROCESO DE ANSIEDAD
Las esencias florales son importantes aliadas con las que contar en este proceso que, dependiendo de la intensidad del caso, supondrán un remedio único o complementario de otras terapias.
- Heliantemo: para el miedo que paraliza, el terror extremo que impide reaccionar con naturalidad.
- Clemátide: es la huida voluntaria cuando la situación que se vive no resulta agradable ni placentera. En ese caso, la persona se proyecta al futuro imaginando unas circunstancias diferentes a las que vive. En última instancia, sería el deseo de la propia muerte como evitación de dicha situación desagradable para la persona.
- Agrimonia: cuando, detrás de la sonrisa y la simpatía permanentes (como si no ocurriera nada), se encuentra una sensación de angustia, tristeza y, en ocasiones, desesperación.
- Álamo Temblón: para cuando la percepción extrasensorial supera la comprensión intelectual y la sensibilidad de la persona, haciendo que ésta se sienta desbordada e intimidada por otras "entidades".
- Castaño Rojo: cuando el motivo de la ansiedad es la excesiva preocupación por lo negativo que pueda ocurrirle a los seres queridos. En ocasiones, ésto puede proyectarse y producirse precisamente lo que se desea evitar.
- Impatiens: trata una de las consecuencias de la ansiedad como podría ser la impaciencia, el desear que todo ocurra en el momento y el malestar porque las cosas no ocurran cuando y cómo se desean.
- Cerasífera: en situaciones de ansiedad, es frecuente perder el control y hacer cosas de las que, posteriormente, la persona puede arrepentirse. En ese caso, esta es la esencia indicada.
- Estrella de Belén: muchos procesos de ansiedad se originan tras un suceso traumático, en el que es como si el nivel de estrés experimentado quedase retenido en las células y se activase en cualquier situación similar o que recuerda la misma situación.
- Madreselva: indicada cuando las sombras del pasado nublan el presente impidiendo disfrutar de él y sacarle el máximo partido. En su lugar, la persona permanece en otra época que rememora con toda la añoranza. Es vivir "el aquí y ahora" lo que le supone un desafío.
- Olmo: para cuando la ansiedad aparece por asumir, voluntariamente y en exceso, responsabilidades y tareas.
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