El enojo se define como: "enfado, especialmente el que está causado por una falta de obediencia, de obligación o de respeto".
También se trata de una emoción que la persona experimenta cuando siente que ha sido ofendida, lo cual en sí mismo no revestiría ninguna gravedad porque implica una reacción normal frente a un hecho que duele.
También se trata de una emoción que la persona experimenta cuando siente que ha sido ofendida, lo cual en sí mismo no revestiría ninguna gravedad porque implica una reacción normal frente a un hecho que duele.
El problema aparece cuando se entra en enojo con demasiada frecuencia sin valorar si dicha reacción es proporcionada al hecho acaecido. Cuando la persona vive experimentando demasiado desde la ira, me atrevería a decir que se ha acostumbrado a ella, utilizándola incluso como forma de coacción hacia las personas de su entorno, lo cual conlleva claramente una serie de consecuencias:
- Generan un ambiente de tensión y malestar a su alrededor.
- Desarrollan una personalidad muy marcada y bipolar condicionada por su sentimiento de ofensa.
- Hacen sufrir a sus seres queridos.
- Poco a poco, se irán alejando de otras personas, evitando la interacción social.
- Pueden llegar a infundir miedo a su alrededor, especialmente a sus hij@s, que se mantendrán en alerta debido a que su progenitor pueda estallar en cualquier momento.
Pero sigamos hablando de este sentimiento de enojo. Es como si, en algún momento de nuestras vidas, realmente nos hubieran ofendido y nos hubiéramos quedado en esa sensación, sin superar la emoción ni la experiencia, de tal modo que, cuando ocurre algo que nos recuerda a lo que pasó, automáticamente aparece el enfado como mecanismo de defensa que, por otro lado, es algo que funciona ya que, ante un persona enojada, l@s demás modifican la conducta y la actitud.
También este mecanismo ha podido aprenderse en la infancia ya que, no en vano, las rabietas tienen su por qué y, en ocasiones, son la forma en que l@s más pequeñ@s, consiguen lo que desean.
También este mecanismo ha podido aprenderse en la infancia ya que, no en vano, las rabietas tienen su por qué y, en ocasiones, son la forma en que l@s más pequeñ@s, consiguen lo que desean.

Sobra decir que se trata de personas muy sensibles que, si prolongan esta actitud, se debe a que viven con un conflicto interno sin resolver, y que el enojo es una de las primeras emociones a las que recurren, sin decidirlo, pues es algo que ya han automatizado y tanto que, a los ojos de las demás personas, parecen una bomba a punto de estallar. De este modo, las personas que les conocen, o bien saben de su "buen fondo", o "miden sus palabras" con ellas por el riesgo de que sean mal interpretadas.
A las personas enojadas, que se ofenden con facilidad, les cuesta perdonar y, por mucho tiempo que pase desde el acontecimiento al que atribuyen su reacción, no olvidarán el más mínimo detalle del mismo.
Por supuesto, estas personas no son felices e intentan, de una forma un tanto inconsciente, proteger a su niñ@ interior herid@, aunque las formas no sean las más adecuadas.
Por otro lado, el enojo mantenido puede ser resultado de la frustración, bien se deba ésta a no conseguir lo que se desea o a no aceptar que esta consecución pueda no producirse (lo que se conoce como baja tolerancia a la frustración). En última instancia, producirá una disminución de la autoestima.
Además, esta emoción produce síntomas físicos tales como: dolor de cabeza, estreñimiento, distensión y dolor abdominal, dolor en hipocondrios, mareos, temblor, patologías oculares,... que corresponden a lo que en Medicina Tradicional China, se denomina bloqueo o estancamiento de Qi de Hígado.
ESENCIAS FLORALES QUE PUEDEN AYUDARNOS A LIBERAR EL ENOJO Y SENTIRNOS MEJOR CON NOSOTR@S MISM@S
A las personas enojadas, que se ofenden con facilidad, les cuesta perdonar y, por mucho tiempo que pase desde el acontecimiento al que atribuyen su reacción, no olvidarán el más mínimo detalle del mismo.
Por supuesto, estas personas no son felices e intentan, de una forma un tanto inconsciente, proteger a su niñ@ interior herid@, aunque las formas no sean las más adecuadas.
Por otro lado, el enojo mantenido puede ser resultado de la frustración, bien se deba ésta a no conseguir lo que se desea o a no aceptar que esta consecución pueda no producirse (lo que se conoce como baja tolerancia a la frustración). En última instancia, producirá una disminución de la autoestima.
Además, esta emoción produce síntomas físicos tales como: dolor de cabeza, estreñimiento, distensión y dolor abdominal, dolor en hipocondrios, mareos, temblor, patologías oculares,... que corresponden a lo que en Medicina Tradicional China, se denomina bloqueo o estancamiento de Qi de Hígado.
ESENCIAS FLORALES QUE PUEDEN AYUDARNOS A LIBERAR EL ENOJO Y SENTIRNOS MEJOR CON NOSOTR@S MISM@S
- Acebo: equilibra emociones de ira, celos, enojo, la sospecha y el deseo de venganza. El Acebo no calla lo que siente, mostrándolo a l@s demás sin reparo (si tiene que gritar, lo hace). Ayuda a desarrollar un mayor amor hacia nosotr@s y, por tanto, hacia l@s demás, eliminando la sensación de que el mundo es un lugar dañino y que somos la diana en la que otras personas lanzarán sus dardos.
- Vid: para aquellas personas que tienen tanta autoridad interna, que deriva en un despotismo tal que, sin siquiera pronunciar palabra, l@s demás ya saben lo que deben o no hacer. Se ha convertido en "líder" a partir de controlarles mediante la coacción y el miedo.
- Sauce: cuando la persona se siente objeto de las injusticias que ocurren en el mundo sin responsabilizarse de su situación. Continuamente expresa su queja por las circunstancias pero no hace nada por cambiarlas. Esta persona se muestra amargada y contagia a l@s demás.
- Achicoria: como ya he comentado, la persona enojada trata de proteger a su niñ@ interior y esta esencia ayuda a superar la sensación de abandono (y el miedo al rechazo) que ese pequeñ@ puede sentir aún habiéndose llevado a cabo las estrategias mencionadas.
- Violeta de agua: se trata de aquella persona que, de manera voluntaria, se aísla del resto, privándose del enriquecimiento que suponen las relaciones sociales. Para ello, se autoconvence de que no les necesita y que, por tanto, es autosuficiente.
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