La primavera es una estación que, si bien suele gustar a muchas personas por la temperatura (no excesivamente fría pero tampoco calurosa) y el aumento de las horas diarias de sol, genera cierto rechazo en otras porque ven acentuada su sintomatologia alérgica, aunque, en este caso, me voy a centrar en la sintomatología emocional.
La primavera supone un cambio, una transición en la que salimos del letargo invernal para disfrutar de los elementos que nos brinda la naturaleza como el sol o el aire. Nos despojamos de las vestiduras de abrigo para comenzar a descubrir partes de nuestro cuerpo que van a tener contacto con esos elementos de los que hablo.
Por otro lado, en primavera tiene lugar un florecimiento y, como tal, también en ocasiones la vida nos premia con las consecuencias positivas de un esfuerzo o siembra anteriores.
Pero esta adaptación a una nueva estación lleva su tiempo y, en ocasiones, podemos experimentar sensaciones tales como: tristeza sin causa justificada, cansancio extremo o angustia, las cuales pueden ser tratadas de maravilla con la terapia floral.
Esencias como la mostaza, el olivo o el nogal pueden resultar un útil apoyo que nos acompañe y reconforte en este cambio hacia la floración y el tiempo más soleado y caluroso.
Si te identificas con con el contenido de este post y deseas facilitar el cambio de estación y recibirla con los brazos abiertos, atrévete a probar la terapia floral.
Si te identificas con con el contenido de este post y deseas facilitar el cambio de estación y recibirla con los brazos abiertos, atrévete a probar la terapia floral.








