Reiki significa energía universal. La energía universal es la fuente de la que todas las personas procedemos, y a la que volveremos una vez se acabe el tránsito en el que nos encontramos.
Con Reiki, la persona se convierte en un canal, por el cual pasa y llega a la persona receptora, que puede sentir esta energía en forma de calor, cosquilleo o, incluso ver imágenes relacionadas con el tema que le lleva a solicitar esta terapia.
La energía Reiki sale de las manos del/la terapeuta y llega al cuerpo del paciente, ya sea en contacto con él o a distancia, equilibrando su organismo a nivel físico, mental, emocional y espiritual.
Todas las personas pueden darlo y recibirlo, si bien, cuando lo descubrió el Maestro Usui, se transmitía a muy pocas personas que, sobre todo, vivían en línea con los principios de Reiki:
Dar Reiki nos enseña tanto o más como recibirlo. Ante todo, es un acto de humildad hacia algo más grande que nosotros a lo que, a la vez, pertenecemos, que pasa a través de nuestro corazón y nuestras manos para llegar a otra persona que ha depositado su confianza en ellas.
No se trata de poner la mente en lo que hacemos o aprender los conceptos intelectualmente, sino dejarnos fluir y sentir a la otra persona que, en ese momento, forma parte de nosotros y del universo mismo que pasa a través de nuestras manos.
El Reiki no sustituye a ninguna terapia ni tratamiento pero complementa a todas y potencia sus efectos. Si existe dolor, ayuda a aliviarlo; si hay ansiedad, ayuda a calmarla y, si existe una búsqueda, ayuda a encontrar.
En todo momento, es luz, por lo que su uso únicamente será con fines terapéuticos y bien intencionados, basados en el amor incondicional.


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