-La dieta: condicionante de la salud y, por tanto, de la enfermedad.
-La importancia del pronóstico: para el médico, más importante que diagnosticar la enfermedad, era revelar su capacidad para curarla (por ejemplo, los chinos sólo cobraban si eran capaces de curar al enfermo). Por ese motivo, la obra contiene múltiples descripciones de síntomas y signos clínicos descritos minuciosamente.
-Perspectiva ecológica de la salud y la enfermedad, por lo que consideraba la influencia del clima y de los hábitos de vida.
-Planteamiento conservador: nunca drástico ni agresivo con el enfermo en la práctica quirúrgica.
-Visión natural de la enfermedad, excluyendo cualquier intervención sobrenatural.
-Doctrina de los cuatro humores: fue la base de un sistema fisiológico que apoyase a la patología y a la terapéutica.
Hipócrates valoraba la observación clínica, la inspección ocular (iridología), las técnicas de palpación, la valoración del pulso, la inspección de la orina, etc., métodos utilizados actualmente por las diferentes terapias alternativas.
Uno de los aspectos que más condicionaban la actuación del médico y que más trascendencia histórica tuvieron fue la creencia de una VIS CURATRIX NATURAE, o tendencia natural a la curación presente en todos los seres vivos. Por tanto, la labor del médico no debía consistir tanto en luchar contra la enfermedad, como en conseguir que fuese el propio organismo el que se repusiese a la misma.
Nunca se utilizaban tratamientos drásticos. Comenzaba por un tratamiento dietético y, sólo si éste fracasaba, recurría a ciertos medicamentos y, en último caso, a la cirugía.
El Corpus Hipocraticum se inicia con el JURAMENTO HIPOCRÁTICO que, durante mucho tiempo, constituyó la regla ética de la profesión médica.
Hipócrates clasificó las tipologías (características físicas y psíquicas de la persona) en cuatro retratos que orientaban de cara a la previsión de la evolución de un trastorno o/y una enfermedad. Son los siguientes:
1. El sanguíneo: su tez suele estar coloreada, su piel su suave y pronto se vuelve caliente y húmeda por el sudor. Con la edad, tiene tendencia a la calvicie y a hacerse más robusto. Su rostro expresa bienestar y salud. Sus ojos son, con frecuencia, salientes, y su mirada, directa. Está dotado de un sólido apetito, por lo que tenderá a cometer excesos en la comida y a interesarse mucho por las mujeres y el sexo. Tiene un modo poderoso de andar, pero algo pesado. Sus gestos están impregnados de cierta brusquedad. Su sueño es largo y profundo. Su memoria es buena, su inteligencia viva y superficial.
Por naturaleza, es optimista, conciliador, generoso, expansivo y, a la vez, irritable, impulsivo y apasionado tanto que, a veces, llega a tener violentos accesos de cólera; sin embargo, desconoce el rencor.
Es muy sumiso a sus instintos, goloso, voluptuoso, ardiente, cambiante en sus afecciones y vanidoso (busca su tranquilidad personal).
Amable y liberal, es amante del ingenio, la broma y el buen sentido; es escéptico y jovial.
2. El linfático: también se denomina flemático. Tiene la tez clanca, sin brillo, y la piel fina, lisa, sin vello, fría y húmeda al tacto. Su abundante tejido grasa esconde sus músculos y da a su cuerpo formas pesadas y, a su rostro, una expresión beatífica y ufana. Tiende a la obesidad. Tiene finos cabellos que crecen lentamente y caen pronto. Es raro que tenga vello en el tronco y en los miembros. Su boca presenta un labio superior inflamado y el inferior blando y ligeramente caído. El lóbulo de la oreja es robusto, las aletas de la nariz gruesas, los ojos claros, salientes, con largas cejas y mirada dulce y vaga. Su pulso débil y lento, revela una circulación perezosa.
Es indolente, y su actividad lenta. Su carácter, soñador, dulce y dócil, le proporciona una vida sin pasiones. Es afectuoso y se encariña fácilmente, conservando largo tiempo amistades fundadas, más bien, en la costumbre. Poco imaginativo, está dotado de una excelente memoria y de una inteligencia lenta y penetrante.
3. El bilioso: llamado también colérico. El color de su piel tiende hacia el amarillo, y es de contacto caliente y seco. Su escaso tejido acentúa los salientes musculares y hace visible la red venosa. Los rasgos de su rostro son duros y marcados: frente ancha, labios delgados, nariz puntiaguda, ojos oscuros y hundidos con mirada penetrante y expresiva. Sus cabellos suelen ser oscuros y abundantes. El sistema piloso está desarrollado.
El bilioso es delgado, por no decir enclenque. Su pulso es rápido; su corazón, más bien pequeño y sus vasos estrechos, aceleran la circulación sanguínea.
Su carácter es ambicioso y autoritario, y muestra una voluntad inflexible y brava energía. Tiene necesidad de acción. Violento e, incluso, insubordinado, despliega una impetuosa actividad. Es tiránico, violento y celoso.
Es impulsivo, y monta en cólera fácilmente. Su temperamento, muy acusado, hace que sea difícilmente aceptado por los que le rodean: puede ser despótico, dogmático y prejuicioso.
Su memoria es media aunque está dotado de una brillante inteligencia.
4. El nervioso: también denominado atrabiliar o melancólico. Presenta tez mate, piel tersa, de contacto frío y seco. Su rostro posee rasgos contraídos, con expresión triste, labios delgados, nariz puntiaguda y ojos hundidos. Su mirada fija, inquieta, generamente es baja. Tiene poco apetito y digiere mal. Su pulso es lento y su transpiración débil. Todas sus funciones, por lo general, son lentas o irregulares. Tiene músculos bien perfilados pero bastante poco desarrollados. Sus gestos son mezquinos y torpes. Su modo de andar es estudiado, sin soluta; su voz es baja, y su conversación desigual.
Su carácter es extremadamente emotivo e impresionable, reaccionando siempre vivamente. Tiene tendencia a ser pesimista, raro, concetrado e, incluso, avaro. Puede llegar a ser egoísta, suspicaz, rencoroso y, frecuentemente, se encuentra solo.
Intelectualmente, es un sutil teórico. Muestra una rara constancia en sus cometidos, un gusto por la perseverancia que, en el límite, puede llegar a la rutina.
Las tipologías hipocráticas sirven para clasificar a las personas de cara a un posible tratamiento. Si bien es cierto que podemos mostrar más una tipología que las demás, todas las personas tenemos rasgos de las cuatro.
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